17 Abril 2015

Per Orit Kruglanski

¿Por qué se pierde la vista en los niños?

Orit Kruglanski y Andrea Buch

Multitud de factores influyen en que la visión de un niño se vuelva borrosa. La visión se adapta tanto a los cambios internos como al entorno exterior.
Entre los factores externos podemos encontrar muchas horas de estudio y de colegio, obligando al niño a mirar de cerca sin cambio ni variedad en el enfoque; falta de tiempo para juegos al aire libre, demasiadas horas delante de la consola, televisión y ordenador y más…

Otros factores son internos, respuestas al mundo exterior por parte del niño, más vulnerable a los cambios, a tensiones familiares, a problemas en la escuela con otros niños o con los profesores, etc. estos pueden llevar el niño a una falta de confianza en sí mismo y a un estado de tensión global – emocional, mental y física– que se puede manifestar en forma de tensión y rigidez en los ojos, entorpeciendo la visión.

 

Reconocer el problema de visión como una combinación de factores externos e internos nos abre la puerta a poder ayudar al niño, observando por una parte sus hábitos – si se pasa muchas horas con un enfoque fijo, sin movimiento, si para la respiración para concentrarse, – pero también prestando atención a la posibilidad de que este afectado por alguna situación emocional complicada, para poder acompañar y ayudarle a superarla.

 

Imagina por un momento que tu hija empieza a arrastrar una pierna. Camina con dificultad, ya no quiere jugar y los otros niños se ríen de ella. Vas a un especialista y te da un aparato. Con este aparato, dice, no se notara que tu hija cojea, ni ella misma lo notará, simplemente no le gustará correr y puede que no baile nunca, pero llegará de un sitio a otro caminando si hace falta.

“Pero… antes caminaba bien, dices, ¿qué ha pasado?”

“Le ha tocado”, explica el especialista sin explicar. Y desaparece en una nube de humo.

Nos quedamos con la pregunta: Una niña deja de ver bien ¿por qué?

Una parte importante de la respuesta es que la niña está pasando por un momento emocional difícil.

¿Y las gafas, ayudan a solucionar este problema? La respuesta, claramente, es no.

Las gafas son una ayuda a la nitidez, pero lejos de solucionar el problema de base, cronifican las tensiones a nivel físico y emocional.

Una niña con gafas ve la pizarra. Una niña que recupera la vista aprende mucho más, tiene confianza en sí misma y en el mundo que le rodea, porque lo mira con buenos ojos.