7 Febrero 2020

Para Sílvia Saula

Los primeros días de lactancia

Cuando nuestro bebé acaba de nacer tenemos ganas de cogerlo, de sentir su cuerpo en contacto con el nuestro, de hacer el primer “piel con piel”.

Si dejamos al bebé recién nacido encima de la madre, desnudo, en contacto  de piel con piel, antes de lavarlo, pesarlo, medirlo, etc.. Y lo dejamos a su aire, sin interrupciones, sin prisas… Casi seguro que él solo se arrastrará hacia el pecho, localizará el pezón y mamará de forma espontánea de una manera correcta. Pero para eso tenemos que darle tiempo, estar tranquilos, no podemos ir con prisas. Porque igual que todas las crías de mamíferos, nuestro bebé es capaz de llegar al pecho y mamar, pero tenemos que darle tiempo, para él también es todo nuevo.

En el momento que el bebé mama estimula los nervios del pezón. Este impulso nervioso llega al cerebro, donde se produce la prolactina y la oxitocina, que son las hormonas encargadas de la producción y eyección de la leche. Entre las 42 y las 72 horas posteriores al parto se produce la primera subida de leche. Hasta entonces había calostro, un líquido de color dorado muy preciado puesto que está lleno de vitaminas y podemos considerarlo como un cóctel inmunológico.

El pecho no se puede dar con horarios, porque esto impide que el bebé regule la cantidad de leche que toma y su composición. En condiciones normales, hacen tomas más largas o más cortas espaciándolas según sus necesidades. Habrá momentos que solo necesiten un poco para calmar la sed, o el miedo, o el sueño… y otros en los que harán una toma larga y completa. Tenemos que confiar en la capacidad del niño para regular la cantidad de leche y el tiempo que necesita para comer.

Los bebés utilizan dos tipos de succión, la succión nutritiva y la succión no nutritiva. Las dos son necesarias e igual de importantes. En la nutritiva, el bebé come lo que tiene que comer, y en la no nutritiva el bebé se relaja, está calmado y se siente seguro en los brazos de su madre.

Para una buena lactancia, es fundamental estar bien, relajadas, cómodas, olvidarnos de las visitas y de los comentarios, y sobre todo confiar en nosotras mismas. También es importante tener una buena postura, una buena posición y un buen “agarre”.

La postura es la forma en que la madre se coloca para dar el pecho. Hay muchas diferentes y todas son válidas si la mamá está cómoda, sin tensiones en los brazos y hombros.

La posición es la forma en que colocamos el bebé para darle el pecho. También hay varias, tenemos que practicar una o dos y quedarnos con la que nos sintamos más cómodas. Sea cual sea la posición que escojamos, el bebé tiene que tener el cuerpo alineado de forma que oreja, hombro y cadera formen una línea recta.

El ”agarre” es la manera en que el bebé coloca su boca para coger y succionar el pecho. Sabremos que el bebé está bien cogido si la mamá no tiene dolor, si la barbilla y la nariz están tocando en el pecho, los labios están abiertos, hay más aureola visible a la parte superior de la boca que por la parte inferior, tiene el cuello extendido, y el pezón sale de la boca alargado.

Los bebés a término nacen preparados para mamar, si no lo hacen, la mayoría de las veces es a causa de alguna intervención innecesaria que se ha hecho, que ha modificado sus instintos y ha impedido una buena impronta del pecho. Por eso es importante dejarle a su aire, sin prisas ni intervenciones.

La lactancia y el postparto inmediato pueden parecer difíciles y duros al comienzo. Las madres se enfrentan a cosas nuevas, a sensaciones nuevas, a horarios y ritmos diferentes. Pero son momentos especiales, muy mágicos y tenemos que saber encontrarlos para disfrutarlos!

 

Silvia Saula

Asesora en lactancia materna

Cooperativa de Salut