16 Febrero 2021

Para

¿Conflictos en la adolescencia o búsqueda de una nueva identidad?

“¿Cómo puede ser que mi hijo/a me diga estas cosas? ¡No lo reconozco, no era así antes! ¡Antes pasábamos tiempo juntos/as y ahora no quiere ni verme!”.
La comunicación que antes era fluida y sin problemas ahora se convierte en un campo de minas. El inicio de la adolescencia es un terremoto de nuevas emociones tanto para los padres  como para los adolescentes.

Estudios recientes han demostrado que el cerebro humano experimenta un desarrollo muy específico durante la adolescencia, y este nos ha ayudado a entender desde un punto de vista neurobiológico el comportamiento adolescente, en concreto la impulsividad. Los lóbulos frontales, que nos permiten organizar secuencias de acciones, pensar en el futuro y controlar los impulsos, se abultan durante el principio de la adolescencia. Durante la etapa de abultamiento, se ejecutan un nombre de sinapsis muy elevado y es evidente que el cerebro adolescente está todavía “en obras”. Se dice que la capacidad mental para tomar decisiones, juzgar y controlarse uno mismo no está completamente desarrollada hasta los 24 años.

Por otro lado están las hormonas, que aunque también juegan un rol muy importante en las emociones de las personas, no podemos considerarlas como las únicas responsables de la irritabilidad en la adolescencia. Sin embargo, dejando de un lado el desarrollo cerebral y hormonal de los adolescentes, hay otro tema que tiene un significado importante en la explicación del comportamiento de los/las adolescentes. Este aspecto es la creación de su identidad. En términos más concretos, los/las adolescentes están intentando encontrar una respuesta a una de las preguntas más complejas que flotan en nuestra sociedad y que resulta clave en las turbulencias que se viven en la etapa adolescente: ¿quién soy?

Esta búsqueda implica enfrentarse al hasta ahora desconocido proceso de auto-cuestionamiento. Esto conlleva al auto-descubrimiento y el desarrollo personal en toda una serie de cuestiones, como el género, la fe, el intelecto o las relaciones. Para sentirnos vivos necesitamos saber quienes somos. Los/as adolescentes a menudo buscan su identidad a través de los demás (compañeros, padres, hermanos, cantantes, actores…), y es por ello que están en continua búsqueda de diferentes modelos y referentes para relacionarse e imitarles. A través de esta teoría precisamente es cuando podemos explicar los conflictos entre los/as adolescentes y sus padres.

La mayoría de los conflictos se basan en temas más superficiales como las tareas de la escuela o de la casa, las salidas con los amigos, o el respeto hacia sus decisiones o ideas. Detrás de estos aspectos se reflejan las inquietudes del adolescente y su frustración a que sus padres no puedan ver su madurez y su capacidad de actuar solo. En sus ojos se refleja la injusticia y la creencia de que sus padres no le tienen suficiente confianza para que pueda tomar sus propias decisiones de manera independiente. Todas estas frustraciones escondidas y transmitidas a los conflictos superficiales, hace que muchas veces los padres se sientan perdidos y con las manos atadas delante de estas situaciones, y esa situación se convierte en un círculo vicioso.

En muchas ocasiones estas frustraciones se revelan en comportamientos de rechazo, donde los/las adolescentes dejan de hablar o contestar a sus padres, quedándose de esta manera cada vez más atrapados/as entre la necesidad de amor por sus padres y la necesidad de abandonar su identidad infantil.

Los/as adolescentes están luchando continuamente por mostrar a sus padres que han madurado y que han dejado de lado su identidad infantil, al mismo tiempo que necesitan cambiar su relación con ellos. Piden el reconocimiento por la parte de sus padres de la nueva persona en la que se están convirtiendo. Los conflictos entre los padres y los/as adolescentes no quieren decir necesariamente que sean “malos” o que exista una “mala relación” entre ellos. Es importante ver los conflictos como una oportunidad para expresar tanto las emociones negativas como las positivas.

Un aspecto importante en las interacciones conflictivas, es la medida en que los padres y los/as adolescentes muestran diferentes emociones y cambian con flexibilidad entre estas emociones durante los conflictos. Estudios muestran que esta flexibilidad para expresar diferentes emociones, permite a los padres y a los adolescentes explorar nuevos patrones de interacción. Cuando padres e hijos/as pueden expresar tanto emociones negativas como positivas durante los conflictos, es más probable que puedan encontrar patrones de interacción alternativos y renegociar su relación. Por ejemplo, cuando padres e hijos/as pueden expresar su enfado e irritación hacia el otro durante un desacuerdo, pero también se muestran afectuosos el uno con el otro, expresan interés por las opiniones del otro y se ríen del conflicto, los conflictos podrían ayudarles a encontrar nuevas formas de relacionarse.

Los padres y los hijos/as que se quedan atrapados en la ira u otras emociones negativas, o que sólo expresan emociones positivas hacia el otro y tienen miedo de expresar su ira, podrían tener más problemas para renegociar su relación. Por lo tanto, es importante que un conflicto no se acabe en una situación de enfado, si no que se pueda generar un espacio donde las dos partes puedan expresar tanto sus emociones positivas como las negativas.

¡No tenemos que olvidar que al final lo que un adolescente está buscando es ganarse la confianza y el respeto de sus padres!

 

Deborah Evangelopoulou
Psicóloga Infanto-juvenil

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