29 Enero 2021

Para Jordi Vinadé

i de ilusión. Emociones en tiempo de pandemia

Pero esperanza e incertidumbre son dos malas compañeras de viaje, haciendo que una y la otra no encuentren manera de darse la mano….

Hoy he escuchado por primera vez  algo que me ha llevado a la reflexión:  el acrónimo anglosajón BANI (como evolución de un anterior, VUCA) que intenta describir cómo es la situación que estamos viviendo. BANI hace referencia a Brittle (quebradizo), Anxious (ansioso), Non-linear (no lineal) y Inepse (incomprensible). Es decir, que estamos en un momento frágil, que genera miedo, donde impera la incertidumbre y la incomprensión.

Esta es la realidad en la cual nos encontramos y seguramente muchos y muchas nos podemos ver reflejados. Todo ello, dibuja un futuro inmediato que parece estar teñido de todos estos adjetivos… y no podemos negar las emociones directamente vinculadas a este conjunto de letras, BANI, que nos hacen sentir preocupación, tristeza, confusión, rabia…,.

Ahora bien, podríamos buscar un acrónimo que lo contraponga y nos ayude a ver más allá. Intentemos construir uno: IAA.

I de ilusión o la alegría que se experimenta con la esperanza o la realización de algo

A de apreciación o acción de apreciar

A de adaptabilidad (calidad de adaptable)

¡Podemos ordenarlas como más nos guste para hacerlo a medida! Sea de una forma u otra, estas son aptitudes que “llevamos de serie”, así que no tiene que ser complicado hacerlas protagonistas de nuestro día a día.

Empecemos por la ILUSIÓN. Nuestra capacidad de construirla es uno de nuestros motores “básicos”. No hay que situarnos en ilusiones fuera de medida pero tampoco quedarnos en ilusiones excesivamente adaptativas, entre la ambición y la resignación, debe de haber un término medio. También hay que saberlas reformular para no sean rígidas y frustrantes.

La ILUSIÓN y estar ilusionado forma parte de nosotros desde nuestra infancia. A pesar de que muchas veces podemos pensar que ha quedado dormida, o ya no nos queda en estos tiempos tan complejos, la capacidad para buscar nuevas ilusiones la continuamos teniendo. La reflexión que podemos generar, volviendo a la niñez, nos permitirá valorar cómo hemos “funcionado” con nuestras ilusiones durante todo este tiempo de crecimiento, y si es el caso, aprovechar para redimensionarlas. Esta reflexión es necesaria en el momento en el cual nos encontramos. Los cambios y las crisis han incrementado su velocidad. Es interesante pararnos a repensar las ilusiones, tenemos que buscar ilusiones próximas y disponibles en cada una de nuestras diferentes realidades.

Pero sobre todo, que sean nuestras, de cosecha propia. Quizás, tenemos que decir basta a las ilusiones prefabricadas e impersonales que se han ido filtrando en nuestras vidas. Intentando no caer en el tópico de recetar “tener ilusiones por las pequeñas cosas” sí que es conveniente repensar a qué cosas no les hemos dado y focalizado la atención suficiente y que sí que la merecían.

La ilusión la podemos empezar a generar pensando en qué o cómo podemos sentir la satisfacción y la alegría, pensemos en alguna experiencia concreta y que sentimos al alcance. ¡Pueden ser más de una!  Hagamos una lista de cosas que creemos que pueden ser gratificantes, pongamos ilusión para conseguir realizarlas.

Seguimos con otro término, la APRECIACIÓN, forma parte de la construcción de ilusiones, ¡siendo una de las grandes claves!

La mirada apreciativa es un cambio en la manera cómo observamos la realidad: mirar con buenos ojos. Aquí tampoco estamos planteando nada de imposible, aunque sí que requiere poner actitud. Para empezar tenemos que situarnos en nuestra casilla de la honestidad, repetimos.. la nuestra!

Desde este lugar tenemos que hacer una sincera valoración “apreciativa” de todo lo que ahora nos acompaña en nuestras vidas. Sin confundir lo que nos acompaña con lo que tenemos, puesto que es una trampa que nos puede apuntar hacia la frustración, llevándonos rápidamente a pensar en el qué podemos perder y en consecuencia , vivir con miedo, empezar a retener e incrementar la angustia. La mirada apreciativa nos exige generosidad, puesto que se trata de dar valor emocional a las cosas.

Y por último, la ADAPTABILIDAD, otra característica intrínseca en nuestra biología. No la subestimemos y pongámosla en un lugar valioso. La adaptabilidad es una capacidad que apela a los límites de la propia tolerancia, poniendo a prueba nuestra rigidez que a menudo nos dificulta ampliar los relatos propios, los que nos explicamos para entender las cosas. Probemos de construir relatos nuevos y más confortables. Incorporando nuevas ideas o situaciones en que nos encontremos, buscando su aspecto positivo y no solo lo que falta.

¡Dejémonos sorprender! Pongámoslo en práctica, que no quede en ideas o palabras al viento, … No nos hace bien quedarnos atrapados en el pensamiento “en bucle” de que la situación pandémica solo generará escenarios peores de los que teníamos hasta ahora … Demos el paso de crear un relato reformulado: esta realidad también está provocando nuevas oportunidades de repensar las cosas que verdaderamente son importantes.