17 Abril 2015

Para Orit Kruglanski

¿Por qué se pierde la vista en los niños?

Multitud de factores influyen en que la visión de un niño se vuelva borrosa. La visión se adapta tanto a los cambios internos como al entorno exterior.
Entre los factores externos podemos encontrar muchas horas de estudio y de colegio, obligando al niño a mirar de cerca sin cambio ni variedad en el enfoque; falta de tiempo para juegos al aire libre, demasiadas horas delante de la consola, televisión y ordenador y más…

Otros factores son internos, respuestas al mundo exterior por parte del niño, más vulnerable a los cambios, a tensiones familiares, a problemas en la escuela con otros niños o con los profesores, etc. estos pueden llevar el niño a una falta de confianza en sí mismo y a un estado de tensión global – emocional, mental y física– que se puede manifestar en forma de tensión y rigidez en los ojos, entorpeciendo la visión.

Reconocer el problema de visión como una combinación de factores externos e internos nos abre la puerta a poder ayudar al niño, observando por una parte sus hábitos – si se pasa muchas horas con un enfoque fijo, sin movimiento, si para la respiración para concentrarse, – pero también prestando atención a la posibilidad de que este afectado por alguna situación emocional complicada, para poder acompañar y ayudarle a superarla.

 

Imagina por un momento que tu hija empieza a arrastrar una pierna. Camina con dificultad, ya no quiere jugar y los otros niños se ríen de ella. Vas a un especialista y te da un aparato. Con este aparato, dice, no se notara que tu hija cojea, ni ella misma lo notará, simplemente no le gustará correr y puede que no baile nunca, pero llegará de un sitio a otro caminando si hace falta.

“Pero… antes caminaba bien, dices, ¿qué ha pasado?”

“Le ha tocado”, explica el especialista sin explicar. Y desaparece en una nube de humo.

Nos quedamos con la pregunta: Una niña deja de ver bien ¿por qué?

Una parte importante de la respuesta es que la niña está pasando por un momento emocional difícil.

¿Y las gafas, ayudan a solucionar este problema? La respuesta, claramente, es no.

Las gafas son una ayuda a la nitidez, pero lejos de solucionar el problema de base, cronifican las tensiones a nivel físico y emocional.

Una niña con gafas ve la pizarra. Una niña que recupera la vista aprende mucho más, tiene confianza en sí misma y en el mundo que le rodea, porque lo mira con buenos ojos.

Orit Kruglanski y Andrea Buch